«Sin tocar la ley electoral vamos al desastre»

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La sacudida separatista en Cataluña y la evidencia de que el Gobierno de Pedro Sánchez es ahora su rehén está provocando que desde la sociedad civil surjan múltiples foros de debate y de protesta, pero también que se formulen propuestas para atajar el sarampión nacionalista que aqueja a España. El exministro de UCD de Relaciones con las Cortes Ignacio Camuñas Solís (Madrid, 1940) planteó la semana pasada en el Congreso de Sociedad Civil, celebrado en Madrid, una reforma electoral para corregir la sobrerrepresentación de los partidos nacionalistas y que estos sigan librando su «chantaje» al Gobierno. Con una intervención quirúrgica «sencilla», asegura, se evitaría que formaciones periféricas estén en el Congreso de los Diputados condicionando la política nacional y la gobernabilidad del país.

El exministro de Adolfo Suárez defiende un retoque simple de la ley electoral que espera pueda ser recogida por los partidos de la oposición –PP, Vox y Cs–. «Es una vía sencilla, modificar una ley orgánica no requiere más que una mayoría absoluta, 176 escaños. No hace falta ni tocar la Constitución ni mayorías cualificadas que hoy son inviables», apunta.

En concreto, pide que se modifique el artículo 163.1 de la Loreg, que sitúa la barrera de entrada al Congreso en un 3% de los votos válidos en la circunscripción. Lo que Camuñas propone es que se añada el requisito de que para estar en la Cámara Baja se deba presentar candidaturas en, al menos, la mitad de las circunscripciones del país. Su enmienda es de adición: «En todo caso, para obtener representación en el Congreso de los Diputados cada partido o agrupación electoral deberá presentar candidaturas en al menos el 50% de las circunscripciones electorales del país obteniendo, así mismo, en cada una de ellas un mínimo del 3%».

Hasta ahora, formaciones como Ciudadanos habían propuesto elevar el listón de acceso a la Cámara al 3% del total del voto nacional, una barrera que superó ERC en las dos elecciones de 2019 (3,61%, en noviembre). No así Junts per Cat (2,19%), PNV (1,57%), Bildu (1,15%), CUP (1,01%) o BNG (0,5%).

La medida que defiende Camuñas sacaría del Congreso a los nacionalistas, pero también a otros periféricos o regionalistas como Teruel Existe, que obtuvo su escaño en noviembre con 19.696 votos (0,08%); el Partido Regionalista de Cantabria (0,28%), Navarra Suma (0,41%), Compromís (0,73%) o los canarios (0,51%). Tampoco podría haber accedido al Congreso la marca de Iñigo Errejón, Más País, que concurrió por 18 circunscripciones de las 50.

En opinión de Camuñas, es «intolerable» que un partido como el PNV que tiene el 1,51% de los votos del conjunto de los ciudadanos «sea capaz de derribar gobiernos», en alusión a su apoyo a la moción de censura contra Mariano Rajoy. También ve «ridículo» que una formación «recién creada» como Teruel Existe fuera «clave» para la investidura de Sánchez. Su propuesta limpiaría el tablero parlamentario en cinco grandes grupos de representación nacional: PSOE, PP, Vox, Podemos y Ciudadanos. «No hay que ilegalizar a las fuerzas nacionalistas, pero sí reconducir su ámbito de actuación», considera. Su espacio natural, añade, es el Senado y las Cámaras regionales.

El modelo autonómico

Camuñas fue designado por Suárez ministro portavoz en el verano de 1977, cuando empieza a cocinarse la Constitución. Asegura que «la España de las Autonomías fue un intento de buena voluntad» del constituyente que ha resultado fallido. «Puedo dar fe de que el nacionalismo independentista en 1977 era súper minoritario, no alcanzaba el 5% y hoy rozamos el 50%. El Estado autonómico ha proporcionado al nacionalismo desleal una fuerza brutal. Se les ha atribuido las competencias en educación, medios de comunicación públicos y las fuentes de financiación», resume con amargura. «Sin tocar el Estado Autonómico y la ley electoral vamos al desastre», insiste.

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